El tabú del ciclismo

El último gran campeón del ciclismo mundial se retiró hace una semana. Unos años antes, fue sancionado por dopaje. Analizamos el vicio más esclavo de los ciclistas

Lance Armstrong, tras pasar un control antidopaje/ Sanar.org

Rampas del 25 por ciento, etapas de 250 kilómetros, velocidades medias de 60 por hora, la historia del ciclismo se escribe con elementos que lo hacen no parecer un deporte. Elementos que riñan con lo saludable y convierten en mitos a todo aquel que los supera con maestría. El  último en despedirse desde lo más alto fue Alberto Contador. El madrileño alzó los brazos por última vez bajo una intensa niebla en la cima del coloso Angliru. Más épica, más heroicidad, más ciclismo.

El descubrimiento del dopaje

Glorioso espectáculo el de las dos ruedas. Un deporte que a mediados de los 90 dejó de serlo para convertirse en una mera competición de médicos deportivos por ver quién desarrollaba la mejor técnica para que sus ciclistas alcazaran un rendimiento pleno. Sí, hablamos del dopaje en las dos ruedas. El aunténtico cáncer de este deporte, la causa principal del alejamiento de muchos aficionados de las carreteras. El telón se levantó en el Tour de Francia de 1998. Un día antes de comenzar, el masajista del equipo Festina, Willy Voet, fue descubierto en una aduana entre Bélgica y Francia con doscientas ampollas de EPO, casi cien de hormonas de crecimiento y docenas de cajas de testosterona.

El castillo de naipes se cayó completamente y además del Festina, los equipos españoles ONCE, Banesto, Kelme y Vitalicio Seguros; y los italianos: Riso Scotti y Saeco se retiraron de la carrera francesa. Con todo, Pantani acabó subiendo al primer escalón del podium de los Campos Elisios en un Tour en el que de 189 corredores que lo comenzaron, cruzaron la línea de meta de Paris, 96. Tras este ridículo mundial, se creó la Agencia Mundial de Antidopaje. Con esta decisión, la UCI afirmó que el dopaje se había extirpado del ciclismo.

La Era Armstrong

En el año siguiente, un clasicómano campeón del mundo en ruta, desembarcó en el Tour para ganarlo. Era Lance Armstrong, un ciclista de segunda fila que sorprendió a todos cuando en la primera etapa, una crono de 7 kilómetros, el americano se alzó con el maillot amarillo. Ganó dos etapas más en esa edición y aventajó por más de siete minutos a Alez Zülle. La era Armstrong acaba de comenzar. La de Ferrari ya lo había hecho años atrás. Lance viajó hasta italia a comienzos de 1996 para reunirse con el médico italiano. Sabía que con la ayuda de él, podía besar la gloria del ciclismo. Conocía que años atrás, Ferrari ayudó a Francesco Moser para destronar a Eddy Merckx en el récord mundial de la hora. Ferrarí aceptó la propuesta de Lance, ambos idearon un plan, un programa, que incluía una severa dieta para ser potente en las montañas.

Todo se paró en octubre de 1996. Al americano se le detectó un cáncer testicular con metástasis pulmonares y cerebrales. Le extirparon un testículo y estuvo inmerso en varios ciclos de quimioterapia, siendo el último a mediados de diciembre.

Regreso a la bicicleta

Demostrando un coraje y una fuerza de superación únicas, Armstrong regresó a la competición en 1998, en una París Niza. Recuperado ya plenamente, reanudó el plan que había dejado aparcado con Ferrari y en 1999 se rodeó de un equipo campeón para ganar su primer Tour. Le siguieron seis más. Ferrari-Johan Bruynel-Armstrong, configuraron un plan de dopaje que incluyó en él a la masajista, Emma O´Reilly, y a los numeroso compañeros que pasaron por el US Postal, Discovery Channel y Astana. No todos sus compañeros se doparon, pero muchos de ellos compartieron “el más sofisticado, profesionalizado y exitoso programa de dopaje que el deporte jamás ha visto” y ellos mismos comenzaron a tirar de la manta cuando el americano aparcó la bicicleta para siempre.

En su defensa, Amstrong siempre se jactaba de no haber dado positivo en nunca. Hecho que logró retirándose de varias pruebas antes de pasar por el autobús del anti doping, por la información priviligiada que su equipos tenían sobre cuándo iban a llamar a Lance para pasar los controles, o con soluciones salinas que hacían descender el nivel de hematocrito en la sangre. Todo una falsa, todo una burla al deporte, que tuvo su final en 2013 cuando Armstrong afirmó en televisión haberse dopado.

El dopaje también habla español

Pero el dopaje no solo es Amstrong y Ferrari. En España, otro médico, Eufemiano Fuentes, fue citado por la Justicia por su relación con la Operación Puerto. Una red de dopaje que ofrecía diversas prácticas ilícitas para mejorar el rendimiento a diversos deportistas. Un red que incluía hormonas (EPO, testosterona y otros anabolizantes), medicamentos y trasfusiones sanguíneas.

La investigación se alargó en el tiempo y finamente la justicia española absolvió a Eufemiano Fuentes por no considerar delito todas las pruebas presentadas. Sí fueron sancionados diversos ciclistas. Entre ellos, el español Alejandro Valverde y el italiano Ivan Basso. El primero de ellos fue acusado por dopaje tras encontrar en una de las propiedades de Fuentes, una bolsa de sangre con las iniciales Valv.Piti.

El proceso culpatorio contra el español comenzó gracias a las investigaciones del Comité Olímpico Nacional Italiano, ya que la justicia española se negó a facilitar a los organismos deportivos internacionales las pruebas recabadas durante la investigación. Las piedras que España puso por el camino, para intentar que la Operación Puerto se archivara, no sirvieron para Valverde. El TAS suscribió la sentencia del CONI y Valverde cumplió dos años de sanción por transfusiones sanguíneas.

Alberto Contador durante una etapa del Giro de Italia/emol.com

Caso Contador

Otro caso en el que la justicia española, los medios de comunicación e incluso el gobierno español, se posicionaron y mostraron su parcialidad fue ante la sanción por dos años de dopaje del hasta hace una semana ciclista, Alberto Contador. El caso del de Pinto, conocido por todo el mundo, positivo por clembuterol en una etapa del Tour de 2010, fue clausurado con una sanción de dos años al madrileño y la retirada del Tour 2010 y del Giro 2011. La Federación Española de Ciclismo y la Agencia Española Antidopaje apoyaron al corredor en todo momento y suscribieron su relato de la carne en mal estado, como causa del clembuterol hayado en su sangre. Fervor patrio.

La transfusión, se hallaron restos de plástico en la sangre de Contador, también fue estudiada como posible culpa. Finalmente, la sanción a Alberto Contador se basó en el principio de responsabilidad objetiva, la AMA no pudo demostrar que Contador se dopara, la sola presencia de la sustancia en el organismo valió para dejarle sin ciclismo durante dos años. Una muestra más de la incompetencia que durante años reinó en el pelotón y atrajo a muchos que lo formaran a probar el veneno de las dos ruedas.

Porque Valverde fue culpable, y Contador también. Y con ellos, innumerables ciclistas que eligieron el atajo para alzar los brazos al cielo. Unos años en el que el dopaje formaba parte de su deporte. Lo hacían apurando los límites de lo legal, acostumbrados desde sus inicios, a que los médicos y los jefes de equipo les “obligaran” a tomar todos los productos que les ofrecen. El dopaje, el diamante negro del ciclismo profesional. Una lucha que ya cumple más de 20 años.

 

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