Boston Celtics: lágrimas, sudor y gloria

Contra cualquier adversidad y siempre dando el máximo, los verdes se han colocado con el mejor balance de toda la liga. La defensa y el desarrollo de los jóvenes son clave, pero hay mucho más

Boston Celtics, líderes de la NBA / Imagen: NBA.com

Cinco minutos. Ese es el tiempo que tardaron los aficionados Celtics en llevarse las manos a la cabeza. Un verano plagado de ilusiones había desembocado en un atisbo de pesadilla. La terrible lesión de Gordon Hayward, una de las más desagradables de los últimos años, sacudió a todos, dentro y fuera de la pista, verdes y no verdes. Las caras de los jugadores de los Cleveland Cavaliers eran todo lo necesario para comprender el impacto que puede tener el ver algo así a escasos metros. Las esperanzas se podían esfumar tan pronto como habían llegado.

Perder para toda la temporada a la gran apuesta del verano supuso un mazazo enorme a las aspiraciones de Boston. Una más que entendible derrota ante Milwaukee, un solo día después, no hacía más que alargarlo. La sensación general era que esta temporada se había convertido de un plumazo en una de transición. Para ver crecer a los jóvenes, ahora sin el amparo del experimentado Hayward.

Nada más lejos de la realidad. Si bien las aspiraciones pueden no ser las mismas sin Hayward, el crecimiento de los novatos era algo que se daba por hecho. Siempre a contracorriente. Contra cualquier adversidad. Los Celtics han tardado en remontar el vuelo un suspiro más corto que en el que se esfumaron las esperanzas nada más comenzar la temporada. Con Brad Stevens en el banco, no hay medias tintas: el objetivo es competir y ganar. Luchar y nunca rendirse, como si de un manual de autoayuda se tratase. Los Boston Celtics se han levantado, y de qué manera. Llevan 12 victorias seguidas y son el mejor equipo de la NBA, con un récord de 12-2.

Los jugadores de los Celtics, en un partido frente a Charlotte / NBA.com

Equipo

Esa es la palabra que mejor define lo que se está viviendo en Boston. Equipo. Después de alterar casi toda la configuración de la plantilla en verano, de perder a cuatro titulares y de incorporar a varios rookies, las nuevas piezas parecen llevar toda una carrera en la franquicia. Aquí los éxitos son cosa de todos. Con destellos individuales, pero reforzados por el contexto. El año pasado eran necesarias las continuas maravillas de Isaiah Thomas para ganar con frecuencia. Ahora, con un mismo patrón de juego, no hace falta tirar demasiado de individualismos.

Individualismos en el sentido de explosión de talento, pues los Celtics, desde la llegada de Stevens, han jugado siempre mirando al compañero. Moviendo el balón, buscando al hombre libre, cubriendo la espalda del otro. Si el año pasado el equipo jugó de maravilla, este año lo hace quizás aún mejor. En ataque, todos colaboran. Se intenta reducir el número de aclarados, con concesiones a Irving (para no dárselas). Hay variantes y las cosas funcionan. Pero todo empieza atrás.

Ganar desde la defensa

Los Boston Celtics son la mejor defensa de la NBA tras 14 partidos. En su racha de doce victorias, han dejado al rival por debajo de los 95 puntos en diez de ellos. Tienen el mejor defensive rating de la liga, con 95.4; y son el equipo que menos puntos recibe por partido (94 puntos, mientras que el segundo en la clasificación, Oklahoma, recibe 98). Según datos de NBAStats, son también el equipo que menor porcentaje de acierto en tiros de campo permite (42.8%), que menos triples recibe por partido (8) y que menos puntos por tiro concede (1.14 puntos). En definitiva, datos de élite. Pero, como toda estadística, solo son útiles si se revisa su contexto. Y para apreciar la defensa de los Celtics es necesario observarla, alejados del boxscore.

Cualquier defensa verde en un partido de Boston sirve para hacerse una idea de con qué mentalidad afrontan los partidos. Garra, brega y entrega. Solidaridad y trabajo en equipo. Así es como Stevens fundamenta su entramado defensivo: un sistema de ayudas, cambios y rotaciones en el que todos participan y en el que se esconden las carencias que puedan tener jugadores como Irving. La perfecta definición de defensa colectiva.

En verano hubo dudas tras la marcha de jugadores como Bradley y Crowder. Dos de los mayores especialistas defensivos del equipo abandonaron el barco y se temió que el sistema pudiera tambalearse. Sin embargo, jugadores como Jaylen Brown, Marcus Smart o Al Horford han elevado sus prestaciones para incluso elevar el tono atrás. La racha de victorias de los Celtics, que no quepa ninguna duda, se ha construido desde la defensa.

Al Horford, el timón de Boston / NBA.com

El liderazgo de Irving y Horford

El mayor logro de Kyrie Irving en su hasta ahora corta etapa en Massachusetts ha sido el saber adaptar su juego a las circunstancias de la franquicia. Esto se traduce en haber desarrollado su faceta creadora y generadora, escondida durante sus años en Cleveland. Sigue regalando maravillas individuales a los aficionados, pero ahora ha añadido a su juego una pausa y un dominio del tempo que era necesario para encajar en su nueva estructura. En Boston tiene un equipo para moldear, dirigir y ser la voz cantante, pero sin la presión de estar solo.

A su lado se encuentra el verdadero espíritu de los Celtics. La piedra angular. El facilitador en ataque y el ancla en defensa. Al Horford ha sido durante años uno de los jugadores más infravalorados de la liga, pero su labor esta temporada está abriendo los ojos de los más escépticos. Es una superestrella de los intangibles, sin números espectaculares pero con acciones decisivas jugada tras jugada. Es el generador primario, abre la pista, mueve a sus compañeros; en defensa es el pilar y al que todos buscan para que cubra sus espaldas, capaz de defender a cualquier tipo de hombre alto y eficaz en todas las situaciones. El compañero perfecto.

La conexión entre ambos ha funcionado desde el primer día. Irving se está mostrando muy solvente en los bloqueos directos, área que Horford domina a la perfección. Su asociación con el base en los pick and roll y pick and pop ofrece incontables ventajas y soluciones. Están compenetrados, y todos disfrutan de su química. A la espera de Hayward, ellos son los líderes.

Tatum y Brown, desarrollo acelerado

Con la llegada de Hayward en verano, las dos esperanzas jóvenes de los Celtics se pusieron bajo su tutela. Con él, la presión se descargaría de sus hombros. Pero la repercusión más importante que ha tenido la lesión del ex de los Jazz a corto plazo ha sido la modificación del plan con las dos perlas. Ahora, han dejado de ser el futuro para ser el presente. Si bien en Brown este paso adelante ya se adivinaba por su gran primer año y su ética de trabajo, el rendimiento que está ofreciendo Tatum desde el primer día no deja de sorprender.

Jaylen Brown, un pilar en los nuevos Celtics / NBA.com

Jaylen Brown empezó la temporada con cotas de anotación desconocidas en su primer año. En el partido inaugural contra Cleveland anotó 25 puntos (su promedio el año pasado fue 6.6). Destapado como una bestia en defensa, en ataque lo ha mejorado todo. Su tiro raya el notable y usa su físico a placer para anotar cerca del aro. Su crecimiento en este comienzo de temporada era de esperar, pero su magnitud sobrepasa las expectativas.

El otro ‘Jay’ no se está quedando atrás. Su potencial no tiene techo, pero está empezando a escalar antes de lo previsto. Jayson Tatum ha asumido galones de veterano con total tranquilidad, ofreciendo una entrega que ya ha enamorado a la afición. Tiene multitud de recursos para anotar y su plasticidad cerca del aro es un regalo a la vista. Pero lo más importante es que se ha adaptado sin problemas a una forma de juego diferente a la que practicaba en la universidad. El futuro de los Boston Celtics se está convirtiendo en su presente.

Secundarios primarios

En cualquier buen equipo hacen falta jugadores que mantengan el tono cuando las estrellas descansan. En los Celtics no solo mantienen el tono, sino que son decisivos. Smart desde la defensa y lucha sin cuartel; Rozier como versión barata (en el mejor de los sentidos) de Irving, rápido y eléctrico; o Baynes como corrector interior. Todos son importantes, y los rookies que vienen por detrás, como Theis u Ojeleye, no hacen más que ilusionar.

El trabajo en equipo también se está notando en el rebote, donde Boston ha pasado de ser uno de los equipos con más dificultades el año pasado a figurar cuarto en la tabla de rebotes por partido (56.4, según datos de NBAStats). Ahí es crucial el refuerzo de Baynes, la aportación de Theis o la dureza de Marcus Morris. Pero también la labor de los exteriores, teniendo jugadores como Smart y Rozier una fuerte incidencia interior. Todo es cuestión de actuación conjunta, también en el rebote.

Irving, animando a sus compañeros en un tiempo muerto / NBA.com

Brad Stevens, el creador

Cuando los Celtics seleccionaron a un tipo joven sin experiencia profesional como Brad Stevens para dirigir su reconstrucción, no fueron pocas las alarmas. El tiempo, sin embargo, suele compensar los méritos. Y lo que ha hecho Stevens estos cuatro años lo encumbra al Olimpo de los entrenadores contemporáneos. Ha dotado al equipo de un estilo propio, en el que todos suman y nadie resta. Ha pisoteado el tanking sin miramientos. Y, junto al genio Danny Ainge, ha vuelto a instalar la ilusión en el TD Garden.

Quizás el logro más importante de Stevens sea el de haber exprimido a todos y cada uno de los jugadores que han pasado por su cocina. Por poner un ejemplo, en la temporada 2014/15 se enfundaron la camiseta verde hasta 22 jugadores. Y Tayshaun Prince, semi retirado en aquel momento, rindió como el que más bajo las órdenes de Stevens. Un excelente entrenador de jugadores, como se suele llamar al que maneja con mano maestra al grupo humano. Si el rendimiento que están ofreciendo los Celtics no decae, muy raro sería que no se hiciera con el premio a entrenador del año.

¿Hasta dónde pueden llegar los Celtics sin Hayward?

Esa es la pregunta que revolotea en el aire. Con Gordon Hayward eran candidatos a todo; sin Gordon Hayward, no se sabe a qué son candidatos. La impresión más generalizada es que aspiran a repetir participación en la final de la Conferencia Este. Ahí, presumiblemente, esperarán los Cavaliers; pues aunque han empezado la temporada de una manera espantosa, sería de necios negar que lo normal es que vuelvan a jugar las Finales.

Parece complicado que Boston pueda desbancar a LeBron este año, aunque con los Celtics nada es seguro. Esta temporada se trata de crecer compitiendo, que es lo que mejor sabe hacer esta franquicia. El año que viene, con Irving asentado, Hayward de vuelta y Brown y Tatum consolidados, cuidado. El trono del Este puede quedar abierto la próxima temporada, y los Celtics presentarán candidatura antes que nadie. Sin embargo, no volvamos a caer en el error de menospreciar lo que pueden lograr esta campaña. Siempre han demostrado que están por encima de cualquier adversidad. Porque cuando el sudor y las lágrimas se encuentran con la gloria, el trébol se vuelve más verde que nunca.

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