Alejandro Valverde corona su leyenda

El ciclista del Movistar coge el relevo de Óscar Freire y se proclama campeón del mundo venciendo a Bardet, Woods y Domoulin en el sprint. Alaphilippe se quedó en las primeras rampas del temido Gramartboden

Alejandro Valverde, cruzando la línea de meta. / UCI

Tras muchos mundiales quedándose en la orilla, tras muchas estrategias rotas en los últimos kilómetros, hoy, sí hoy, Alejandro Valverde ha alzado los brazos al cielo en un campeonato del mundo. Hoy, si, hoy, los llantos no han sido de tristeza. Se han convertido en emoción, en alegría ante tanto trabajo realizado, ante tantos kilómetros sobre la bici que dan sentido a tantos metales secundarios. Hasta hoy, eran seis. Desde 2003, donde acompañó en el segundo lugar del pódium a Igor Astarloa. En total, cuatro bronces y dos platas que quedan relegadas a un oro totalmente merecido y conseguido en el tirol austriaco. Tras él, Bardet y Woods le han acompañado en el podium.

España defendió la carrera

Un oro que es compartido entre todo el equipo español. Los ocho ciclistas españoles estuvieron siempre en las escapadas relevantes. Fraile y Herrada contrarestaron los cambios de ritmo de Italia. A 66 kilómetros del final, Cataldo atacó. Herrada fue a por él. A ellos dos se les unieron el polaco Michał Kwiatkowski, uno de los favoritos para llevarse el arcoirirs. Otro, Roglic, se había ido al suelo kilómetros antes.

A 50 del final, en la sexta y última vuelta del circuito inicial, la escapada del día se había reducido a seis corredores cuya distancia era de cinco minutos y medio. Cinco minutos y medio respecto a otro grupo de ciclistas conformado por entre otros Van Avermaet, Caruso y Fraile. El pelotón reducía diferencias. Ya bajaban de cuatro. 3:20 con respecto al grupo de Caruso, Avermaet y Fraile. España y Italia se copiaron la estrategia de colocar a un corredor en cada grupo. Siempre que los azzurros atacaban, España respondía. Holanda también quiso aparecer con Kruiswijk cuyos ataques hicieron agrupar al pelotón en un solo bloque en el que el trío de perseguidores quedaron unificados en un grupo de 40 corredores. Yates no estaba allí. El británico cedió a 45 de meta. Kwiatkowski, metros después, también.

Bardet, Valverde y Woods, en el tramo final de la ascensión. / UCI

El pelotón cogió a la escapada del día. Quedaban 24 kilómetros y por delante el infierno de Gramartboden. 2,8 kilómetros de 11,5% de media y con rampas de hasta 28%. Una auténtica pared, similar a los finales de etapa característicos de la Vuelta España. Con menos de veinte corredores supervivientes en el pelotón, Francia cambió el ritmo y formó un grupo conformado por Alaphilippe, Pinot, Bardet, Woods, Moscón y Valverde. El murciano dejó hacer, esperando la debilidad ajena. Cabecando sobre la bici, exprimiendo el riñón, Alaphilippe fue el primero que evidenció cierta fatiga. Le siguieron Pinot y Moscón. Los máximos favoritos entregaban las armas, salvo Valverde, que junto con Bardet y Woods, atravesaron el infierno sin mostrar sus cartas. Los tres se lanzaron en el descenso, esperando ver las primeras señales de la ciudad de Innsbruck.

Valverde dejó hacer

Quedaban seis kilómetros, Bardet, Woods y Valverde se cubrían entre ellos para ampliar diferencias a un Domoulin, que de menos a más había adelantado a todos los cadáveres que Gramartboden había dejado por el camino. Finalmente el holandés alcanzó al trio de cabeza. Cuatro para tres metales. A 2 kilómetros de la gloria. Una distancia donde el dolor y la fatiga ya no existe, no aparece ante el botín que esperaba. Valverde era el favorito, el más rápido, el más veterano y el que mejores sensaciones había evidenciado.

Valverde en la entrega de medallas. / UCI

Siempre en la primera posición, siempre marcando el ritmo, el murciano comenzó a 300 metros el sprint final. Basculó al lado bueno de la carretera, se levantó del sillín, apretó los dientes y culminó su carrera profesional. Campeón del mundo, por fín el oro. Tras tantas oportunidades perdidas, el ciclista con más medallas de la historia, levantó el brazo izquierdo y cogió la gloria para no soltarla nunca. Para hacerse eterno, para escribir más extensa su leyenda.

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